miércoles, 30 de julio de 2014

SOMOS EL TIEMPO QUE NOS QUEDA



20 días dan para pensar. Dormimos en furgones, con nuestros cerebros llenos de la mierda de la sociedad. Cada día que pasa liberamos junto a nuestras deposiciones los sulfuros que se nos inyectan por la tele, las redes sociales, la radio... y cuantas mas horas pasan menos palabras se cruzan y nos limitamos a lo básico, comer y buscar una nueva ruta que escalar. Las tormentas frenan el ansia y nos ponen a cada uno en nuestro propio escenario personal, porque tras la mirada de los ojos apuntando a las montañas, donde miran realmente es al interior del hombre, que al verlas desea medirse y que esas paredes le digan quien es el en realidad. Ilógicamente las paredes nos ponen los pies en el suelo. Tormenta tras tormenta, kilómetro tras kilómetro nos movemos buscando el sol que no aparece. He comenzado a vaciarme, no me gusta ser brusco pero hay cosas que la gente tiene que entender. Quizá yo tardé demasiado en darme cuenta.


Los días de inactividad empiezan a apretarme la garganta haciéndome dificultosa la respiración nocturna. La previsión augura malos tiempos para nuestros planes sobre un folio en blanco con días largos y soleados. Hemos llegado al campo de batalla y nos han bombardeado desde el primer día haciéndonos imposible cualquier ataque o cualquier salida de la trinchera que ocupamos sobre cuatro cauchos rellenos de aire, cubiertos por chapa y fibra mientras oímos la metralla estrellarse contra nuestras paredes. Comunicación aun más básica. Predominan los silencios con intervalos nubosos de preguntas sobre comida, licores o birra. El primer día de sol pateamos una hora al objetivo, una pared de dimensiones medias y con largos verticales sobre diedros fisurados y placas de escalada técnica. Pienso en lo que llevaban aquellos hombres entre las piernas a principios del siglo pasado, y que utilizaron junto a una técnica excelente para ascender antes que nosotros estas paredes verticales y extraplomadas.



A cada largo de cuerda me es inevitable recordar a los compañeros que preceden a estos, a los amigos con quienes los silencios son mas armoniosos. A los que se echan en falta. A veces las cumbres son vertederos. Me he encontrado exhausto, enfadado y alcanzado por la grandeza de los elementos en la única cumbre de más de cuatro mil metros que pise, he sufrido un penoso ascenso en penosas condiciones para sentarme en la cumbre y disfrutarla, y me sentí vacío. Hueco. Si hubiera tenido fuerza suficiente hubiera jurado en verso. Pero simplemente ese día la montaña me dejo darme la vuelta y volver desde su punto más alto, y sin embargo al mes siguiente aquel momento era tan lejano como Marte. He soñado con miles de paredes, pero solo la estricta experiencia en montaña me ha descubierto que como en la vida real, si tú no lo haces autentico nadie lo hará. He descubierto que da igual la cumbre que sea, porque lo que importa es la persona que tienes al otro extremo de la cuerda, porque si he de pasar hambre, frío, miedo e incluso algo más, que sea con un compañero, un amigo. La autenticidad hace el momento eterno, y la eternidad no es la longitud ilimitada del tiempo, sino la profundidad del tiempo presente que vives.
Una piedra cual metralla bombardea el casco para hacerme salir de mis pensamientos. Cuando llego a la reunión me quedan pocas ganas de meterme en harina en un muro amarillo bajo un techo enorme. A veces la pinta engaña para bien. Tuve suerte.


Después de varias horas contactactando con el mundo exterior y lejano a través de nuestros pequeños agujeros al infierno o smartphons, me doy cuenta de como se reduce el numero de necesidades, de números, de nombres, de rostros, manos y ojos en mi mente... y sigo solo, como siempre, desde el inicio. En esta cafetería instalada casi en el puro centro de Cortina se mezclan nuestro estilo "chico sucio ropa sucia" con el estilo "chico limpio ropa nueva", el alpinista con la gente de etiqueta, ciclistas y visitantes variopintos se cruzan durante todo el día en esta ciudad rodeada de paredes verticales, bosques de abetos y verdes praderas... todo cubierto por un manto de nubes medias y altas que oscurecen el cielo, y mi motivación.


Cada noche, antes de dormir un chorro de brandy surca mi garganta y el humo de un cigarro busca estrellas en la oscuridad del cielo, y lo siento así:

"Anhelo tus labios afilados de roca, tus dientes pequeños y grandes cruzados recordándome la niñez, donde crecí dibujando caminos en tu piel. Hubo un tiempo en que perdí la fe, en la gente, en todo el entender, repleto de lo que creí experiencia no eran más que tiros y bengalas que me lanzaba la vida para que pudiera aprender. He amado allí arriba más de lo que jamás creí posible, infalible, es el viento que alborota tu cabello en un paso difícil y a pelo, donde la plena consciencia nos mantiene "en pie". He llorado por tus costados, anhelando que me quieras, que me dejes amarte de una vez, que me dejes si quiera ser un día por fin dueño de esa miel. Crecí soñando, idealista loco y apolítico que no alcanza a comprender las barreras de fronteras que nos separan, cuando solo quiero una unidad, un colectivo para entender. La guerra esta perdida contra todos esos grandes que nos vigilan, pero las batallas que se libran en la vida, cada día, son tan dignas que ahora se que cualquier día, lo que tengo en un instante lo puedo perder. Pienso en desaparecer pronto, escapando del dolor de mi gente, debilidad de pensamiento castigada con dosis de entrenamiento, discontinuo, anárquico. Tras veinte días con la cama a cuestas sigo amándote a pesar de tantas veces que no te dejas ver. No sé porque te amo, porqué vivo enfocado en ti, como la luna gira en torno a la tierra giro como un bobo junto a ti. Quiero que sepas, que entiendes, que en tus amaneceres y en tus ojos logro comprender, y que por muy duro y satisfactorio que sea el camino, quiero encontrar un sitio al que volver."

Como yonkys buscando una dosis ponemos rumbo al sur, allí, al otro lado de los pirineos. Las tormentas se meten en mi cabeza dejando mi centralita en stanby. Se suceden las horas rodando mientras mi cuello da bandazos cada vez que pierdo la consciencia.
Después de pillar una cama y una buena ducha nos dirigimos a Montserrat, escalada técnica donde las haya, donde jamás serás capaz de calcular el tiempo que has estado en ese largo navegando y estrujándote el cerebro completamente absorto en cada movimiento del cuerpo. La escalada aunque siempre nos apalee, a veces nos dice eh tío, has subido el nivel, ya no eres un mierda, ahora simplemente eres malo.



De nuevo ponemos rumbo a la parte norte de los pirineos, buscando entre la niebla una pared, la Dent d´Orlu, confiando en el pronostico del tiempo. A la mañana siguiente y tras el madrugón la motivación era no sé..... difusa. La niebla era aun más densa que el día anterior y todo estaba completamente mojado.
Después de barajar varias opciones conducimos de nuevo al sur y nos dirigimos en busca de un espolón andorrano en el Pic de Ribuls, aunque al cabo de una hora entre la niebla los cagamentos se sucedían a cada paso. Nos sentamos a esperar. Nunca me gustó esperar, eso de pararse a no hacer nada y confiar en que los elementos externos te favorezcan. Nunca da resultado. Es rendirse. Es morir.


Pero los elementos trajeron vientos que nos dijeron que estábamos a tomar por culo del objetivo... Una vez enhebramos a escalar y las manos insensibles se negaban a quedarse en las fisuras, el tiempo se mantuvo con nubes y claros. No dejaba de pensar en el porque de tus dudas. Me da asco mi falta de empatía. No saber que sientes. Qué te paraliza así. Los tirones de la cuerda me recuerdan que he de prestar atención y seguir. La cumbre nos da una vista increíble en este oscuro paisaje. 



El descenso es una sucesión de confesiones entre salvajes que daría para escribir mil libros de historia, solo que aquí no hay héroes, sino bandidos y pistoleros. Contemplo el paisaje y sigo preguntándome el porque de muchas cosas. Se que no hay porqués, porque lo mas difícil de todo al fin y al cabo, es aceptar. Tras esta jornada nos dirigimos a por otra sesión que calme la sed de aventura, algo sencillo pero largo. Creo que fue la mejor conexión con la pared que tuve en mucho tiempo. Todo fluía. Y fluyó. Oigo decir a veces, que somos egoístas, que solo pensamos en nosotros mismos y en nuestros intereses. Me duele admitir que es cierto. Bajamos hablando de la mierda que nos comimos estos días, tantos días perdidos por mal tiempo, pero la conclusión era que llevábamos 15 días sin currar y liberándonos, sincronizándonos. Hacíamos planes para los próximos meses y los días nos faltaban para unir tantos proyectos y tantos viajes. Buscamos. Si, buscamos. Buscamos experiencias, viajes que nos saquen de la rutina, retos, vida. Puede que eso sea ser egoísta, pero si para no serlo he de dejar todo este conjunto de situaciones, conexiones, amigos, compañeros, montañas y lugares entonces quizá todo valiera menos. Seria como la línea de un coma monitorizada después de fuertes subidas y bajadas. La montaña nos da y nos quita. A veces creo que no nos da nada. Solo nos descubre lo oculto de nosotros mismos. Hace todo más palpable, recuerdos más intensos y la vida mas viva.

Llegamos al bar y dejamos que el dorado brebaje nos calme la sed. Una cena rápida con amigos se convierte en despedida pues ya toca volver. La lata en la que volveré volando esta llena de gente que va y viene. Tienen la pinta de saber perfectamente a donde van. Me pregunto si yo también lo tendré. Si tendré un sitio al que ir. La mirada atraviesa el cristal a miles de metros del suelo. Pienso en porque no cesamos de ir de un lado al otro acumulando, llenándonos. Devoramos vivencias guardándolas como golum guardaba el anillo, esperando que nos dejen con mejor pinta. El tiempo escapa. A mi mente vienen unos días de descanso por delante antes de volver a la rutina. Me esperan en el aeropuerto, y la calma que estaba tocando con la punta de los dedos se distorsiona con el sonido grotesco de mi móvil. Si, dime. -¿Escalas hoy de tarde? -sí, ¿donde quedamos? -en la "Cocinona" ¿a las cuatro? -Ahí nos vemos tío. Fallo de serie, hay que intentar no parar... porque alguien lo dijo antes que yo, "somos el tiempo que nos queda".  Qué vas a hacer?



Mi amada semana de descanso...



 Carlos Canales Diaz

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